Si hay un cementerio típicamente inglés en Gran Bretaña es, sin duda, el pequeño cementerio de Southampton. El césped allí es más verde que en cualquier otro lugar, y se diría que no crece sin antes pedir permiso. Su visita es altamente recomendable, pero evite ir a la hora del té: el encargado, que sabe que la muerte no es cosa que detenga a un auténtico caballero inglés, a las cinco cierra las puertas de forja. Después vuelve a casa, sincronizando sus pasos con el sonido que producen las lápidas al desplomarse sobre el césped.