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COARTADAS

Me llamo Marc R. Soto y encontré la coartada perfecta a la edad de once años.

Desde entonces he hecho uso de ella tantas veces que he perdido la cuenta de los cadáveres que han ido quedando en el camino.

Hasta la fecha no ha llamado nadie a mi puerta para pedir explicaciones, ningún agente de policía se ha presentado en mi casa con una orden de registro y ningún fiscal me ha sentado en el banquillo de los acusados.

En realidad no espero que lo hagan nunca.

Porque mi coartada es infalible, y lo saben.

Saben que si un día mi foto ocupara las portadas de todos los diarios, yo me saldría de rositas.

Saben lo que ocurriría en la sala del juzgado si, tras escuchar la interminable lista de delitos de los que se me acusa, el propio Juez abandonara su silla para acercarse al estrado e interrogarme directamente:

—¿Dónde estaba usted en el momento en que tuvo lugar cada uno de los crímenes, señor Soto?

 

 

Lo saben. Claro que lo saben.

Saben que me limitaría a sonreír y responder con toda la calma del mundo:

—Escribiendo, señor juez.

Porque tengo la coartada perfecta. La tengo desde que cumplí los once años y escribí mi primer relato breve y comprendí que aquello era a lo que quería dedicar el resto de mi vida.

He perdido la cuenta, como te decía, de la cantidad de crímenes que he cometido en mis historias y, por supuesto, no tengo la menor idea de los crímenes que me quedan por cometer. A fin de cuentas, esta coartada mía me durará mientras viva. Pero hay algo que me gustaría aclarar:

No disfruto cometiéndolos.

—¿Por qué los escribes entonces, Marc? —podrías preguntarme.

Porque me aterran, me indignan, me enfurecen, me aterrorizan. Y no los comprendo.

Y, como te pasa a ti, me fascina lo que no comprendo.

El mundo está lleno de monstruos. Solemos saber de ellos por los periódicos o los telediarios (es decir, cuando no están obsesionados con el fichaje de moda o la NUEVA AMENAZA QUE VA A MATARNOS A TODOS), pero a nadie se le escapa la verdad: que hay muchos más de los que todavía no sabemos nada. El vecino de arriba podría ser uno de ellos, o la anciana del quinto, o el adolescente huraño que arrastra los pies camino del instituto con su mochila colgando de un hombro…

O, Dios nos libre, nosotros mismos.

A fin de cuentas, ¿qué nos diferencia a simple vista del adolescente huraño que se lió a tiros en un instituto un lunes soleado a mediodía? ¿En qué sentido somos distintos de la anciana del quinto que un buen día asesinó a su marido, lo descuartizó, hizo croquetas con los restos y las repartió entre sus vecinos? ¿Cuán lejos de nosotros está ese afable vecino que retuvo durante años a su hija en el sótano? ¿Y el que asesinó a toda su familia y trató de suicidarse antes de que todo el mundo descubriera que su vida, toda su vida, no había sido más que una sucesión interminable de mentiras?

¿Cómo entender un mundo en el que ocurren ese tipo de cosas?

En Malas influencias, Miranda Grey menciona que:

[…] Un antiguo profesor de literatura decía que los escritores son niños con baja tolerancia a la frustración incapaces de asumir el caos que rige el mundo. Que levantan construcciones de bloques solo porque no soportan verlos tirados por ahí sin ningún orden. Que solucionan enigmas inventados como placebo para soportar la existencia en un mundo repleto de enigmas irresolubles.

En lo más hondo de mi corazón, sospecho que el profesor de Miranda Grey no se refería únicamente a los escritores (o al menos a los escritores de novela negra y thrillers, o incluso terror psicológico, entre los que me cuento) cuando hablaba del pánico ante el caos, ante lo incomprensible, y de la necesidad de poner un cierto orden, de dar con una explicación para todo lo que de inexplicable tiene el mundo: la vida, la muerte, el odio, la envidia, el amor, el llanto, la risa.

Creo que ese horror ante el caos (no utilizaré la palabra fascinación de nuevo, pero tú y yo nos comprendemos, ¿verdad?) lo sentimos lectores y escritores por igual. Quizá por eso, lectores y escritores están hechos los unos para los otros de un modo que difícilmente se da en otras artes.

Y por eso cuando un lector encuentra a su escritor, sienten que encajan, que suena música de violines.

Aunque en ocasiones sean los violines sincopados de la escena de la ducha en Psicosis.

 


 

BIENVENIDA


Quién sabe qué ocurrirá a continuación. Si habrá o no violines… es demasiado pronto para decirlo, aunque nada me gustaría más.

Pero al menos ahora que ya hemos sido presentados, puedo darte la bienvenida sin que me sientas como un extraño.

Por tanto:

Bienvenido a mi web. Bienvenido a mis libros.

En ellos hay gente malvada y crímenes de todo tipo, pero también gente amable con quien te gustaría tomar unas cañas. Hay muerte, desde luego, pero también hay vida, esperanza, risas, amor. Aunque en ocasiones sea, como piensa el protagonista de Bella y tierna historia de amor mientras la mujer de su vida le  relata cómo envenenó y descuartizó a su exmarido, «el tipo de amor que nos convierte a todos en kamikazes».

Bienvenido, decía hace un momento, y quiero repetirlo una vez más:

Bienvenido a mi web.

Entra sin temor. Baila conmigo.

Mi coartada es tu coartada.

 


PREMIOS

  • 2012 – Finalista de los Premios Hache 2011 en la categoría de Mejor Libro de Relatos por Largas noches de lluvia
  • 2009 – Ganador del IV Premio Xatafi-Cyberdark de la Crítica de Literatura Fantástica al mejor relato publicado en 2008 por Mosquitos
  • 2009 – Finalista del IV Premio Xatafi-Cyberdark de la Crítica de Literatura Fantástica al mejor libro publicado en 2008 por El hombre divergente
  • 2009 – Finalista del premio Ignotus a la mejor antología por El hombre divergente
  • 2009 – Finalista del premio Ignotus a la mejor novela corta por Mosquitos
  • 2009 – Finalista del premio Ignotus al mejor cuento por El hombre divergente
  • 2007 – Finalista del Premio «Cosecha Eñe» por Todo Muere
  • 2005 – Ganador del III Premio Jóvenes Talentos Booket por Regreso al bosque.
  • 2004 – Finalista del Premio Max Aub por Sueño de nieve y barro.
  • 2004 – Ganador del Premio Lituma de Cuento por Consuelo en la luna.
  • 2002 – Ganador del Certamen de Narración Breve «Agustín Gómez-Arcos» por Los muertos no caminan.
  • 2002 – Ganador del XXI Certamen Literario «José Hierro» por La foto que faltaba.

OBRAS PUBLICADAS


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  • 2020 – Malas influencias, novela, thriller policiaco
  • 2012 – Todo muere, antología , Editorial Saco de Huesos
  • 2011 – Largas noches de lluvia, novela breve, noir, Viaje a Bizancio Ediciones
  • 2009 – El hombre divergente, antología, Grupo Editorial AJEC

 


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